EL FRANCOTIRADOR
Por Óscar Jiménez Núñez
En Tamaulipas hay 33 parques y Unidades de Bienestar que se han convertido en mucho más que áreas verdes con bancas y juegos.
Son puntos de encuentro, rincones donde la vida cotidiana se mezcla con la esperanza de que la comunidad puede ser más fuerte cuando se reúne.
Caminar por uno de estos parques es como abrir una ventana a la diversidad del estado se pueden ver niños corriendo detrás de una pelota, abuelitas que se juntan para platicar bajo la sombra de los árboles, jóvenes que improvisan partidos de básquetbol, familias enteras que celebran cumpleaños con pastel y piñata.
Cada parque es un espejo de lo que somos, es decir, alegres, resilientes y con ganas de convivir.
Lo interesante es que estos espacios no solo sirven para el esparcimiento, también son lugares donde se tejen redes invisibles de apoyo.
Ahí se organizan talleres, ferias de salud, actividades culturales y hasta campañas de participación ciudadana. En un estado donde muchas veces la conversación pública se centra en problemas de seguridad o economía, los parques nos recuerdan que también hay historias de unión y bienestar que vale la pena contar.
Además, pensemos en lo simbólico: un parque es un terreno común, literalmente. No importa si vienes de la colonia más humilde o de una zona más acomodada, el césped y los juegos son para todos.
Esa igualdad sencilla, que se vive sin discursos ni protocolos, es quizá la mayor lección que nos dan estos espacios.
Los 33 parques y Unidades de Bienestar son como pequeños corazones latiendo en distintas ciudades y municipios.
Cada uno con su propio ritmo, pero todos con la misma misión: recordarnos que la comunidad se construye en lo cotidiano, en la risa compartida, en el saludo al vecino, en la confianza de que juntos podemos vivir mejor.
Así que la próxima vez que pases por uno, detente un momento. Escucha el bullicio, siente el aire fresco y piensa que ese lugar, aunque parezca sencillo, es parte de un gran tejido que sostiene a Tamaulipas.
Porque al final, los parques no son solo parques: son la prueba de que el bienestar también se cultiva entre árboles, canchas y sonrisas.
osjinuf@gmail.com
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En Tamaulipas hay 33 parques y Unidades de Bienestar que se han convertido en mucho más que áreas verdes con bancas y juegos.
Son puntos de encuentro, rincones donde la vida cotidiana se mezcla con la esperanza de que la comunidad puede ser más fuerte cuando se reúne.
Cada parque es un espejo de lo que somos, es decir, alegres, resilientes y con ganas de convivir.
Lo interesante es que estos espacios no solo sirven para el esparcimiento, también son lugares donde se tejen redes invisibles de apoyo.
Pensemos en lo simbólico: un parque es un terreno común, literalmente. No importa si vienes de la colonia más humilde o de una zona más acomodada, el césped y los juegos son para todos.
Esa igualdad sencilla, que se vive sin discursos ni protocolos, es quizá la mayor lección que nos dan estos espacios.
Los 33 parques y Unidades de Bienestar son como pequeños corazones latiendo en distintas ciudades y municipios.
Así que la próxima vez que pases por uno, detente un momento. Escucha el bullicio, siente el aire fresco y piensa que ese lugar, aunque parezca sencillo, es parte de un gran tejido que sostiene a Tamaulipas.
Porque al final, los parques no son solo parques: son la prueba de que el bienestar también se cultiva entre árboles, canchas y sonrisas.

